Los efectos del alcohol impactan directamente a nivel neurológico. Dificultad para hablar, caminar o visión borrosa son algunos de los rasgos más comunes de una persona intoxicada con alcohol. Sin embargo, si uno presenta algún trastorno similar sin ingerir ninguna bebida espirituosa, es motivo de consulta médica.
A esto último debió apelar la familia de Erin Orlopp, de 15 años, quien veía como durante meses la chica sufría constantes mareos y no podía caminar en línea recta. "Se tambaleaba como si estuviera borracha y tenía trastornos visuales", relató la madre de la menor. Pero además de eso, tenía una mejilla inflamada, dolores de mandíbula, cuello y cabeza.
La joven luego de la intervención.