La otra es que han estado sometidos, de forma inconsciente y por demasiado tiempo, al trabajo de influencia de agencias de inteligencia enemigas (principalmente las rusas, chinas y cubanas) que han elevado la desinformación a la categorÃa de arte. Su arrogancia les impide reconocer ese dato, ni siquiera como posibilidad. No obstante, en el mundo tecnológico del siglo XXI esto se ha convertido en un factor tan importante como el armamento del que dispongan los contendientes. La que fuera agente encubierta de la inteligencia en el Pentágono, Ana Belén Montes, tuvo un papel estelar sembrando desinformación y falsas premisas sobre el régimen cubano que, como verdades irrefutables, se extendieron por medios burocráticos e intelectuales del establishment de Washington D. C. Aun con ella en prisión, la Administración Obama utilizó esas supuestas verdades como guÃa de su fracasada polÃtica hacia la isla.
En este caso se promovieron múltiples narrativas disuasorias para paralizar a la Casa Blanca. A guisa de ejemplo recordemos estas cuatro:
“Todo es un bluff de Trump que es un mentiroso. No ha movilizado suficientes tropas terrestres para invadir a Venezuela.†(sin admitir que una operación quirúrgica no requiere igual número de soldados que una invasión).
“La soberanÃa de Venezuela es sagrada†(sin mencionar que esa soberanÃa se expreso en las urnas el pasado 28 de julio de 2024 y Maduro la violento desde entonces).
¡Oh sorpresa!
¿Qué sucedió entonces? Sencillo: los únicos engañados fueron los manipuladores de las agencias de inteligencia asociadas a Maduro que terminaron creyéndose sus propias fábulas.