25/01/2026
Rojava: crónica de una utopía kurda nacida del caos y devorada por sus contradicciones
Fuente: telam
De derrotar al Estado Islámico a capitular ante Damasco: el colapso de las Fuerzas Democráticas Sirias expuso las fracturas de un proyecto que dependía del petróleo, del apoyo estadounidense y de una base social árabe que nunca lo asumió como propio
>El mapa de Siria recuperó en este enero de 2026 la unidad que perdió hace catorce años, pero lo hizo a costa de apagar el experimento político más audaz de su historia reciente. Lo que comenzó en 2012 como un proyecto de democracia directa inspirado en las teorías de Abdullah Öcalan termina ahora con la integración forzosa de sus milicias en el ejército nacional y la disolución de sus estructuras de autogobierno.
El de este enero el segundo intento de acuerdo entre las partes desde la caída de Bashar al-Assad en diciembre de 2024. Ya en marzo de 2025 habían alcanzado un pacto similar que nunca llegó a cristalizar por desacuerdos en diversas áreas. Pero esta vez la presión militar fue determinante: en un solo fin de semana, las tropas gubernamentales arrebataron a los kurdos vastas cantidades de territorio, forzándolos a aceptar términos que meses antes consideraban inaceptables. Para Charles Lister, director del Programa de Siria en el La historia del Rojava —como se conoció popularmente a la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria— es la de una oportunidad política aprovechada en medio del caos.
Corría 2012 cuando Bashar al-Assad, acorralado por la guerra civil, retiró sus tropas del noreste para concentrarlas en los frentes de Damasco y Aleppo. En ese vacío de poder, el Partido de la Unión Democrática (PYD) y sus milicias YPG/YPJ, integradas también por combatientes mujeres, establecieron una administración que prometía reinventar la política: comunas de base, feminismo radical, laicismo y rechazo al Estado-nación.Esa victoria selló la alianza con la coalición internacional liderada por Estados Unidos y permitió a las FDS —creadas en 2015— expandirse más allá de sus enclaves étnicos hasta controlar un tercio de Siria y la mayor parte de sus recursos petrolíferos, arrebatados al Estado Islámico antes de su derrota territorial en 2019, así como la exportación de los cereales cultivados en la región de Jazira, “el granero de Siria”.
Pero ese éxito contenía la semilla de su propia destrucción. Por exigencia occidental, los kurdos se vieron obligados a administrar vastos territorios de mayoría árabe en las provincias de Deir ez-Zor y Al-Raqa. “En realidad, las SDF no eligieron gestionar estos territorios. Los occidentales se lo pidieron para luchar contra ISIS”, explicó Cédric Labrousse, un academico especialista en el noreste sirio, en un análisis para el diario francés Detrás de la imagen romántica que el Rojava proyectaba en Occidente como un oasis feminista y democrático se escondían profundas contradicciones. Lo que se vendía como democracia participativa fue denunciado internamente como un sistema de partido único bajo el control férreo del PYD. Durante años, el La “tercera vía” de Öcalan —ni capitalismo ni Estado-nación— chocó con la realidad de una estructura militarizada que dependía de la extracción de petróleo, contradiciendo su discurso ecologista, y del apoyo de una superpotencia capitalista como Estados Unidos. El proyecto que prometía trascender las lógicas del poder terminó replicando muchas de sus dinámicas: una economía basada en combustibles fósiles, una administración centralizada y una relación de dependencia con Washington.Pero había algo más profundo. Faris Zwirahn, académico de la Universidad de Princeton, documentó en una extensa crónica en El investigador documentó casos extremos de represión: desde la prohibición de la canción “Labbat, Labbat” —un himno popular de la revolución siria que celebra la unidad nacional— hasta el encarcelamiento de un residente de Hasakah por seis meses simplemente por izar la bandera siria tras el acuerdo de marzo de 2025. “La naturaleza represiva de las FDS no es ampliamente conocida fuera de Siria. A menudo se celebra como un modelo de gobernanza tolerante y democrático, al menos en comparación con otros en el país y la región”, señaló Zwirahn, añadiendo que incluso él, manteniéndose en contacto con familiares y amigos en el país, solo comprendió la verdadera magnitud de esta represión al visitarla personalmente.Estas tensiones internas explican por qué, cuando llegó el momento crítico, el proyecto se desmoronó con tanta rapidez. El Rojava no cayó por la superioridad militar de sus enemigos, sino porque su base social más amplia —las tribus árabes— nunca lo asumió como propio.


