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10/02/2026

IA y biología: ¿un mundo de criaturas a la carta?

Fuente: telam

Adrian Woolfson, fundador de Genyro , explora los límites de la biotecnología en “El futuro de las especies" desatando debates éticos sobre las increíbles posibilidades de la vida en la Tierra

>El auge de la ingeniería biológica avanzada amenaza con transformar la vida tal como la conocemos, anticipa el científico y empresario Adrian Woolfson en su nuevo libro, On the Future of Species (“El futuro de las especies”). Ante la inminencia de una “segunda Génesis”, Woolfson alerta acerca del delicado equilibrio entre los enormes beneficios potenciales y los riesgos imprevisibles que supondría crear especies sintéticas mediante inteligencia artificial y biología molecular.

El impulso de imaginar y fabricar seres híbridos ha existido desde la antigüedad, desde los centauros griegos hasta criaturas míticas en diversas culturas. Woolfson sostiene en su obra publicada por Bloomsbury que la fantasía de mezclar atributos de diferentes especies ahora se acerca a convertirse en realidad biológica. “Muy pronto, no solo imaginaremos animales fantásticos, sino que los transformaremos en entidades biológicas reales”, afirma, destacando que la humanidad está a punto de “pasar de catalogar especies a crearlas”.

Según el artículo de Robin McKie publicado en The Guardian, “las descripciones de Woolfson pueden resultar excesivamente elaboradas y forzadas. Tiende a exagerar el impacto del llamado segundo Génesis. Sin embargo, sus argumentos son convincentes y su prosa, en general, clara y directa”.

Las aplicaciones positivas de estas tecnologías parecen ilimitadas. Según el fundador de Genyro, las especies sintéticas podrían utilizarse en la generación de biocombustibles, el desarrollo de medicamentos, biosensores y cultivos resistentes a la sequía. Incluso plantea que algún día podríamos “cultivar” viviendas en lugar de construirlas mediante métodos tradicionales. Este salto evolutivo —dice— implica traspasar el umbral de una biología descriptiva para inaugurar una ciencia generativa.

Este arsenal técnico abre el dilema de hasta qué punto debe manipularse la vida. El autor reconoce que los organismos resultantes de la selección natural, incluidos los humanos, presentan rasgos subóptimos y mejorables: pone como ejemplo la columna vertebral humana, a la que define como un “desastre de diseño” por su origen en criaturas cuadrúpedas. “La vida podría ser guiada hacia paisajes desconocidos, dotada de propiedades que reinventen el funcionamiento biológico de los organismos”, sostiene Woolfson, anticipando posibilidades de mejora radical de las especies existentes.

Fuente: telam

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