En esos días Manolo trabajaba en forma independiente para Norte cubriendo automovilismo y haciendo notas especiales. Tras la invasión a Malvinas se marchó al sur para seguir el conflicto. Como los periodistas argentinos que fueron debieron quedarse en un centro instalado en Comodoro Rivadavia, el chaqueño les dijo a las autoridades del diario que se iba a Ushuaia con el fin de, luego pasarse a las Islas. Hospedado en un hotel cercano al puerto, tomó la foto del Crucero Belgrano que desde allí partió a su destino final. En esos días, sin internet ni otros medios mandaba por vía aérea el rollo de fotos para que se revelaran en Resistencia.
Entre las más de treinta fotos de cuyos negativos solo se copiaban algunas, el domingo 2 de mayo Manolo nos advirtió que estaba la última foto en un puerto del crucero. Fue así como se la buscó y se la publicó. Dos días después, cuando iban llegando los náufragos en los botes de rescate, él lo advirtió desde la pieza del hotel, tomó fotos y habló con los marinos e hizo un despacho para nosotros. Ese, como los otros despachos, los escribía en el télex del Hotel y los enviaba al télex de la distribuidora de Seven UP, que estaba por la Avenida 9 de Julio, cuyo titular era Guillermo Ferrazzano, quien nos avisaba cuando llegaba.
Ese télex fue visto en el hotel por personal militar y le advirtió a Manolo que no podía enviar tal información por razones militares. El periodista les dijo que él podía avisar para que no se publique, pero no le hicieron caso y se lo llevaron detenido. Norte publicó el envío y Manolo estuvo con tres periodistas británicos que habían sido detenidos en el sur. Con su habitual chispa el chaqueño entabló diálogo con ellos pero lo hizo en francés, porque él no hablaba inglés y ellos no sabían castellano. Ese reportaje también fue publicado por Norte.