15 de mayo de 2025
“El Eternauta” y Manal, una sintonía porteña que atraviesa el tiempo
Claudio Gabis, el guitarrista de la banda cuya música ambienta momentos claves de la serie, reflexiona sobre la concordancia estética entre sus canciones y la historia de Oesterheld: “son productos artísticos atemporales y trascendentes”, afirma
En la acertada combinación entre El Eternauta y Manal se cimenta buena parte del espÃritu explÃcitamente porteño que tiene la serie argentina que hoy es fenómeno global de espectadores. Manal fue, es, una de las grandes bandas de rock en idioma español del mundo (reducirlos a un alcance argentino serÃa injusto). Sus canciones, sobre todo las de aquel inolvidable primer disco al que se puede volver una y otra vez, aún en pleno siglo XXI y a casi 55 años de su edición (mayo de 1970), resumen el espÃritu de una época y un lugar, cuando Buenos Aires era una ciudad en plena efervescencia cultural que combinaba -aún en tiempos de las dictaduras de OnganÃa, Levingston y Lanusse- la locura creativa del Instituto Di Tella y la manzana loca de la calle Florida, las tertulias literarias del Café La Paz y las librerÃas de Corrientes y los ejercicios del primer rock argentino en La Cueva o la pizzerÃa Perla de Once (Rivadavia y Pueyrredón).
En ese contexto, el trÃo formado por Javier MartÃnez, Alejandro Medina y Claudio Gabis se nutrÃa de raÃces jazzeras de ritmo e improvisación para tocar su versión del Blues y Rhythm and Blues tradicional y de ahà es que resultaron canciones con letras tangueras y bien porteñas que pasaron a la historia y hoy, Eternauta mediante, son de alcance global. Eso son “No pibeâ€, “Jugo de tomate frÃo†y “Porque hoy nacÃâ€, pero también “Avellaneda bluesâ€, “Avenida Rivadavia†y sigue la lista. Justicia poética.
—Por lo porteño sobre todo... Existe un tipo de producto artÃstico en Buenos Aires que es atemporal y refleja la idiosincrasia de sus habitantes y la fuerte impronta de su geografÃa. Estamos hablando, por ejemplo, del Obelisco, La Boca, el estadio de River Plate o la Bombonera, el Riachuelo, Villa Crespo. Todos estos barrios tienen una personalidad marcada, que ha trascendido décadas e incluso siglos. La conexión entre la historieta de Oesterheld y la música de Manal no era inevitable creo, pero sà previsible, dada esta rica confluencia cultural
Las letras de Manal se apoyaban en tres pilares lÃricos fundamentales. La lÃrica personal exploraba el yo y los problemas individuales, influenciada por el existencialismo de Jean-Paul Sartre, los beatniks y el incipiente hippismo. Javier MartÃnez, con su introspectiva personal, representaba esta corriente en temas como “Si no hablo de mÆy otros temas propios de un individuo que habla de sà mismo. La segunda vertiente, el paisajismo porteño, está ejemplificada por temas como “Avellaneda Bluesâ€, una representación casi pictórica de ese lugar que a Javier y a mà nos conmovÃa, y “Avenida Rivadaviaâ€, ambos conectados también a experiencias personales.-Fue época única de Buenos Aires ¿Cómo era todo aquello?
—Fue un periodo en el que se entrelazaron diversas influencias, se gestó un movimiento intelectual y estético excepcionalmente poderoso y conectado. Este fenómeno no solo abarcó el ámbito artÃstico, sino también el polÃtico y social. HabÃa una estrecha relación entre pintores, escritores, escultores, arquitectos, psicólogos y psiquiatras... Las reuniones eran habituales y congregaban a una docena de personas, todas provenientes de distintos campos, pero que se conocÃan o habÃan oÃdo hablar entre sÃ.A partir de esa interpretación de DarÃn de “No pibe†me puse a escuchar el disco otra vez... Y pensé: “¿No estaba tan mal, eh?†Fue una época de vibrante literatura argentina, con figuras como Jorge Ãlvarez y su librerÃa, que posteriormente originaron el sello Mandioca. En el Nacional Buenos Aires, mi colegio, se dio un movimiento intelectual clave para el surgimiento del rock argentino, equiparable a lo ocurrido en “La Cuevaâ€. Mientras este lugar representaba un refugio bohemio y contracultural, el colegio creo que proporcionó la base intelectual del rock como una cuna de jóvenes brillantes.
Encontrábamos en las mesas de debate a personas de diferentes generaciones - desde jóvenes de 18 años como yo, hasta figuras consagradas como David Viñas. Juntos discutÃamos y compartÃamos recomendaciones literarias, lo que nos llevaba a las librerÃas, siempre disponibles, para adquirir desde obras esotéricas hasta literatura Beatnik y poesÃa de autores como Allen Ginsberg y Henry Miller. Este intercambio generacional fue crucial y contrastó notoriamente con la distancia habitual entre jóvenes y mayores.—Lo notable era que ustedes hacÃan esas canciones porteñas, casi tangos, al ritmo del blues y el R&B que venÃan del Norte, bien lejos...En Argentina, no contábamos con los instrumentos ni la tecnologÃa del hemisferio norte. Hablábamos otro idioma y tenÃamos un mensaje diferente que transmitir. En la música de blues hecha aquÃ, desde Manal hasta Pappo o Memphis, se pueden ver influencias de nuestras raÃces, con letras que no siguen necesariamente la estructura poética tradicional del blues. Más bien tomamos elementos propios, posiblemente del tango, reflejando nuestra forma de ser y vivir en esta ciudad. Es asà como nació el rock argentino: más que un invento, fue el resultado de nuestras virtudes y limitaciones.
Al intentar tocar como Eric Clapton o Muddy Waters, me di cuenta de que no podÃa replicar eso fielmente: no tenÃa idea de lo que era el Mississippi, no habÃa nacido en Nueva York, San Francisco o Londres. Nuestra singularidad nos llevó a crear algo auténtico y esa es nuestra suerte. En esto se refleja incluso el éxito de la ciencia ficción de El Eternauta: su originalidad. Es como leer a Borges o Cortázar, una experiencia única.[Fotos: prensa Netflix; archivo Infobae]
