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20 de abril de 2026
El último personaje de Brandoni es rebelde y descarado: da ganas de vivir
En la película "Parque Lezama", el actor interpretaba a un exmilitante que no se rinde.
Así, parado frente a la vejez como si se le pudiera ganar con fuerza, con imaginación, con descaro. Peléandole con la prepotencia de quien se ha cansado de perder y ahora no le queda otra que ganar un poco. Un viejo loco, inconformista, bocón, que se reencuentra con el joven idealista que fue. Así es León, el personaje que hizo Luis Brandoni en su última película, Parque Lezama, que dirigió Juan José Campanella.
León -en realidad hasta el final no sabemos cómo se llama, porque uno de sus trucos es ir cambiando de nombre e inventándose pasados- es molesto, incómodo. En el momento de la vida en que parece tan fácil de pasar, no se va a dejar pasar.
Es judío, tiene acento polaco, pero le ha dicho a un comerciante del barrio que es descendiente de comechingones para apelar así a la igualdad de trato y la discriminación. Y, digamos todo, León no es comechingón pero sí es viejo. �No tiene derecho a considerarse discriminado por eso? Hay algo real en el reclamo, después de todo.
En la película, el personaje de Luis Brandoni ha sido un militante comunista. Que tuvo que remar para vivir, pero que ahora tiene frescas esas ideas, esos recuerdos, esas convicciones como una manera de pararse en el mundo. Por eso cuando viene la hija y se lo quiere llevar a un geriátrico o a su casa en La Horqueta, León le cuenta por vez número quinientos mil que si ella ese llama Clara es por Clara Lemlich, dirigente de la huelga de las camiseras de Nueva York de 1909, una huelga que empezó el 23 de noviembre y que terminó en en febrero de 1910, cuando se acordaron mejores salarios y condiciones de trabajo. Una huelga triunfante.
A ella le fue bien, �quiere tener ese padre que un poco se avergüenza de su éxito, que desdeña La Horqueta, que se hace el matón cuando no tiene fuerza y a quien no se le puede creer, literalmente, ni el nombre?
Brandoni le habla a su hija del día, cuando era chico, en que el padre lo llevó a una asamblea, lo puso sobre sus hombros y le pidió que levantara la manito para votar por él. La hija sabe el cuento palabra por palabra, pero son esos cuentos los que nos hacen quienes somos.
Por eso, de algún lado saca León la audacia para enfrentarse a un dealer que lo cruza en la plaza, al que le vende "protección". Por eso él, con sus dificultades para caminar, está decidido a proteger a una chica aunque la vaya a ligar.
Por eso, para defender a un amigo al que quieren despedir por viejo, inventa que forma parte de un sindicato combativo cuyas siglas se leen S.E.A.C.A.B.O. Sí, se acabó. Lo dice con convicción, con una carga de amenaza que lo hace convincente.
"Las ideas disfrutan de una juventud eterna", dijo Brandoni en una entrevista, en los días en que se estrenaba la película.
Dan ganas de vivir su personaje aunque -no es Ciencia Ficción ni comedia rosada- no le vaya siempre todo bien. Hay una forma digna de pararse frente al maltrato que reconforta. Tal vez haya otros métodos para que los resultados sean mejores, pero a veces dar un paso al frente y levantar la cabeza mejoran el alma.
"Hoy ser viejo es una mala propuesta, una cosa no deseada. Lo que debiera ser un momento de relax, tranquilidad y serenidad, no es lo que lo que propone hoy la posibilidad de la jubilación", le dijo en marzo Brandoni al diario Perfil, con los dos pies bien parados en la realidad.
Luis Brandoni se fue, León sigue por acá, montrando un camino -no EL camino, UN camino- para que valga la pena vivir hasta al final.
