30 de abril de 2026
Andrés Calamaro, el cantor y sus circunstancias: "Soy el Drácula argentino"
En plena gira y antes de sus shows en Buenos Aires, uno de los íconos del rock nacional habla de su generación y el país, un nuevo público joven y el acceso a la longevidad. "No practico la nostalgia", asegura
Desde algún lugar de las rutas argentinas, Andrés Calamaro responde amablemente por mail a un pedido de entrevista: la excusa es el inicio de la gira nacional Como cantor, que ahora mismo recorre la amplia geografía nacional (ver debajo el detalle), y que desembocará en donde Dios atiende con cuatro shows programados para fines de mayo y principios de junio.
Un par de días después de aceptar, envió las respuestas que Infobae Cultura reproduce a continuación. Elegante en su prosa y claro en sus reflexiones, Calamaro se muestra tal cual ha sido siempre: atento, reflexivo, certero y con la dosis exacta de ironía y/o filo cuando cabe.
—¿Cómo estás? ¿Cómo va tu vida? ¿Sufrís esta época tan loca o no la ves tan loca como parece? ¿Estamos todos locos en Argentina?
—Empezamos la gira en Santa Fe y seguimos en el anfiteatro Cocomarola en Corrientes; ensayamos muy bien hasta diez canciones que no tocábamos el año pasado, un equipo unido y comprometido con la causa, buscamos las buenas sensaciones en el escenario con seriedad bien entendida. La gira es una vida social peculiar que nos gusta, damos lo mejor y el público nos devuelve alegría y entrega, vivimos en hoteles, somos músicos y casi todos giramos juntos hace tiempo ya. En estos años me asumo como interprete, la música en vivo es el "tiempo real", interpreto con concepto torero: el embroque (encuentro) entre el silencio y la música sonora, el misterio de encontrarse con algo distinto cada recital, la improvisación y el concepto en la circunstancia. Tenemos la ventaja de ser los mismos toda la gira, mientras que los toreros desconocen el toro que sale de los corrales; luego el concepto de cada lidiador, la forma en que sienten lo que hacen o la gestión del talento, la puesta en escena del triunfo, o torear para uno, la búsqueda de lo imposible, la importancia de la naturalidad, la exhibición de valor, los especialistas y los de arte. Luego lo que aprendemos del Jazz y el Blues, de los sonidos rioplatenses, hispanos y saber estar sueltos con este repertorio. Visto así solo tiene sentido aspirar a un siguiente recital mejor y no hacer la plancha.
(…) Tengo que hacer memoria para recordar una época que no haya sido irregular o compleja, verdad que los trastornos actuales desmerecen la "locura" lírica de los distintos y outsiders. En nuestro país sufrimos una inercia casi eterna que afecta el tejido económico, social y cultural, entendiendo por cultura lo que hacemos, lo que no hacemos, si estamos dispuestos a trabajar o estudiar, a mejorar como individuos, que hacemos con el tiempo libre, si estamos aptos para alguna clase de sacrificio, si nos rendimos, si vivimos enchufados y criticando, si leemos, si le damos importancia al cine, si sabemos escuchar música o cuantas mentiras nos creemos. Tampoco la cultura elitista del cine, el teatro y la música culta exclusivamente.
Los influyentes de este siglo son cocineros y futbolistas o peor, los esclavos de los contenidos basureros en redes (la red es el apocalipsis de la vida marina), se entiende que le bajemos el precio a la locura lírica, quizás exhibiendo nano neurosis o renunciando el destino de las personas que pudimos ser.
El mundo siempre está equivocado, ahora estamos rodeados de gentes que presumen de virtudes morales e ideológicas, un delirio que habíamos superado ampliamente, que no permitimos ni a las religiones cristianas, que rechazamos en la escuela, la familia y a las autoridades.
Esta fiebre es mundial o casi, occidental seguramente; nuestro país acusa muchos años de deterioro económico y eso impacta en la cultura social, nos hace más resentidos, chovinistas orgullosos de los alfajores; tampoco deseo aplicarme en un ensayo sociológico pero soy un argentino interesado en la realidad y la conversación en términos políticos y culturales. Pero tampoco tenemos acceso a viajes interplanetarios. Renunciamos al decoro, al refinamiento, a la conversación socrática y a los buenos modales. Lo mejor que tenemos es la autocrítica, un resignado optimismo, conservar la salud y valorar alegrías.
(…) Ahora estamos replicando una gira similar a la que hicimos a fin del año pasado, empezamos en provincias interiores y lo disfrutamos mucho, llegamos musculosos a Buenos Aires y visitamos países hermanos. De momento no tenemos planes concretos en México o España pero estamos para seguir tocando, con deseo, arte y confianza. Pronto armamos la segunda mitad del año. Somos siete, bronces de partitura, músicos cantando, guitarristas virtuosos y espontáneos, el pianista bueno y el cantante que oscila entre una Telecaster hecha en Argentina y teclados similares a los que usé siempre. Todo el tiempo estamos conversando con los camaradas del sonido, los instrumentos, las pantallas y el escenario. Y esperamos con deseo hasta las pruebas de sonido.
—¿Cómo te afecta el hecho de tener más funciones en Buenos Aires que en años anteriores, con un público de jóvenes que tal vez han descubierto recién tu música? ¿Te genera una sensación de "renovación"?
—Que el público sea joven es normal porque normal es empezar a ver recitales de adolescente y hacerse buen aficionado y oyente (espero existan buenos aficionados que confirmen mi teoría de normalidad amateur). Escuchar música que nunca vimos en vivo, que fue grabada cuando éramos niños o antes de nacer, nos propone una dimensión … "legendaria". Creo que sentimos eso con Los Beatles o Pescado Rabioso y otros con The Smiths o Los Abuelos, o Kraut alemán o Freddie King.
Un perfil nacional argentino del que podemos presumir: Otras cosas nos importan además de las telecomunicaciones, filmarse diciendo boludeces y ser hinchas de futbol: llenamos recitales, no dejamos de ser rockeros y estamos en ciudades donde el rock importa, es nuestro aporte a las tradiciones. También somos sensibles a la dulzura del folklore regional y al paisaje. (…)
—¿Cómo vivís el hecho de que se recuerden constantemente los aniversarios de tus discos más emblemáticos? ¿Te sentís atrapado en la nostalgia? ¿Qué ves cuando te ves? (como escribió Ricardo Mollo)
—Los aniversarios de discos, las efemérides y las historias superfluas (anécdotas o mentiras de opereta digital) no me agradan y sobran, consiste en desprecio por omisión o tonterías. No es fácil revertir las mentiras en internet pero el tiempo podría poner las cosas en su lugar. Soy el Dracula argentino.
Las canciones no se explican ni cuentan nada, importa el proceso y nada mas, después ser músicos y demostrarlo en vivo. Basta de necrológicas y aniversarios, son frivolidades, algunas imperdonables. (…)
No practico la nostalgia, no me llegó el momento o no me interesa, secuestra el presente. No suelo añorar otros tiempos que ya fueron, recordar épocas anteriores es algo que de momento no hago. Distinto es cantar canciones atemporales porque la música en vivo es cambiante, improvisamos y nunca suena dos veces igual, es un oficio donde nos perfeccionamos mas que haciendo canciones y grabaciones.
—¿Qué opinás sobre la idea de que vos, Fito Páez y Gustavo Cerati son "sobrinos" artísticos de Charly García y Luis Alberto Spinetta? ¿Qué influencia tuvieron ellos en tu vida artística y qué queda de esa relación hoy? ¿Y quién sería el "sexto hombre" en esa generación, el Indio Solari?
—Seré respetuoso y amable con todos mis colegas músicos y cantantes, los respeto a todos y celebro a los que admiro realmente. Somos "generacionales" con los de mi generación, nos conocemos hace muchos años y crecimos al mismo tiempo, creo que nunca perdí la capacidad de admirar, además existe la amabilidad y los buenos modales (se le llama "respeto" como si fuera una palabra mágica).
Fui publico dedicado de los artistas musicales de época, un explorador que conoce bastante de lo que escuchaba de adolescente. De muy joven soy "aspirante a músico" y terminamos compañeros y camaradas con casi todos. Soy admirador de mis contemporáneos. Celebré el éxito de todos los que se consagraron y el carácter de los subterráneos que no conquistaron continentes. Admiro a mis contemporáneos con humildad, envidio algunos repertorios celestiales y comparto los buenos momentos de todos.
(…) Mi adolescencia transcurre entre 1974 y 1981, muchos gobiernos militares, policía, crisis, malaria y represión. Para mi generación, Huergo no es Puerto Madero, es Toxicomanía. Casi nunca dejamos de ir a recitales y los domingos a Parque Rivadavia. Los héroes de Malvinas son mas jóvenes que yo. Todos los fundadores nos inspiraron, inspirados tan jóvenes. Y mis mentores, Beto Satragni, Raíces y Los Abuelos, mis profesores de piano, los músicos buenos que me aconsejaron con paciencia, y mi querencia por la batería, los instrumentos enchufados y los discos. Cumplí 17 grabando en Fonema con Raíces, Amilcar, Jorge da Silva y Mario Breuer, con Mario soñamos despiertos con lo que luego hicimos hasta ahora.
—Dylan tiene 84 años y sigue de gira. Lo mismo Neil Young o Paul MacCartney. Van a volver los Rolling Stones, parece. Este año vi a Gilberto Gil con 83, pleno ¿Vos te ves a esa edad haciendo lo mismo? ¿La cultura rock tiene algo patológico o psicológico con la edad? (¿Y por eso te lo pregunto?) ¿Importa?
—Asistimos absortos y admirados a la tercera edad de las leyendas del rock, como antes a los veteranos del blues, el folklore, el tango y el jazz. Nunca supimos que se podían celebrar giras con mas de ochenta años y tampoco lo sabemos ahora. Tocamos madera. La edad es inevitable y algunos estamos condenados a mejorar porque no fuimos genios ni prodigios ni sibaritas del buen gusto, aprendimos a la vista de todos.
Hasta ahora sigo perfeccionándome y mejorando, me asumo como interprete en vivo en un tiempo donde grabar discos no tiene el sentido practico (o filosófico) que tuvo alguna vez, otrora rodeados de disquerías, anhelando hacer un disco y saberlo en las bateas. Antes valorábamos grabar un disco como un milagro u odisea, ahora dicen que se publican cincuenta mil canciones por día en las plataformas y percibimos que la atención es dispersa y es complicado adivinar quien escucha una grabación a la que dedicamos meses o años.
Los músicos de esta generación no sabíamos que el éxito era posible, no esperábamos mucho mas que ensayar y quizás grabar un disco como quien espera ganarse la lotería, no creímos posible sonar con una canción en la radio ni en la televisión, ni generar derechos de autor ni regalías; lo hicimos gratis, sin esperar caridad ni pedir limosnas, recibir ayudas públicas era impensable y delirante para los que fuimos adolescentes -aspirantes- en los años setenta.
Siempre gracias a las personas que nos vienen a ver, a los que les importa la música, los que ven el lado bueno de las cosas. A los que me quieren.
*La gira Como Cantor de Andrés Calamaro continúa el 2 de mayo en el Estadio Ruca Che de Neuquén; el 8 de mayo en el Predio Ferial Catamarca; el 10 de mayo en Loisc Plataforma de La Rioja; el 15 de mayo en el Polideportivo de Mar del Plata y el 17 de mayo en el Dow Center de Bahía Blanca. Finalmente, ofrecerá funciones en el Movistar Arena de Buenos Aires los días 26 y 27 de mayo, 3 y el 8 de junio.
[Fotos: prensa Dale Play]
