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13 de mayo de 2026

Por qué la corriente del Atlántico que regula el clima podría colapsar: las posibles consecuencias

Este sistema esencial para el equilibrio térmico y la distribución de lluvias muestra señales de debilitamiento, lo que podría transformar las condiciones ambientales

El sistema de corrientes del Atlántico conocido como AMOC (Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico) está bajo una amenaza sin precedentes. Un estudio reciente publicado en la revista Science Advances advirtió que el océano Atlántico podría perder hasta la mitad de su fuerza para finales de este siglo, si las emisiones de gases de efecto invernadero no descienden. Esta proyección sugiere que el debilitamiento de este "cinturón transportador" podría superar ampliamente las estimaciones previas, con consecuencias de gran alcance para la estabilidad climática mundial.

Pero, ¿cuál es la importancia de este fenómeno? El colapso o debilitamiento de la AMOC no solo alteraría los patrones de temperatura y precipitaciones en regiones clave del planeta, sino que podría provocar cambios abruptos en el nivel del mar, lo que pone en riesgo a poblaciones costeras, y transformar la distribución de calor y carbono a escala global. Desde la perspectiva científica, la magnitud del proceso y sus impactos aún presentan incertidumbres, pero la acumulación de evidencia lleva a la comunidad de investigadores a advertir que el riesgo es real y creciente.

La AMOC es una red de corrientes oceánicas que une el norte y el sur del Atlántico al transportar agua cálida hacia el norte y agua fría hacia el sur. Este sistema forma parte del llamado "cinturón transportador global", responsable de mover enormes volúmenes de agua a diferentes profundidades y regiones del planeta.

Según la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos), el proceso comienza cuando el agua superficial, al desplazarse hacia los polos, se enfría y, al formarse hielo marino, el agua restante se vuelve más salada y densa, lo que la lleva a hundirse y desplazarse hacia el sur en las profundidades oceánicas. Posteriormente, retorna a la superficie y se calienta en un proceso denominado surgencia, lo que cierra el ciclo.

La AMOC no solo distribuye calor y nutrientes vitales para la vida marina, sino que también regula el clima global. Su influencia resulta fundamental para mantener inviernos suaves y veranos frescos en Europa occidental, así como para estabilizar los patrones climáticos en América y África. La corriente del Golfo, la más grande del Atlántico Norte, transporta aproximadamente 30 mil millones de kilogramos de agua por segundo y es clave para este sistema.

La posibilidad de un debilitamiento severo de la AMOC se sustenta en múltiples líneas de evidencia. Un estudio publicado en Science Advances, coordinado por Valentin Portmann de la Universidad de Bordeaux, estimó que la AMOC podría perder un 51% de su fuerza hacia el año 2100 bajo un escenario de emisiones intermedias, una cifra considerablemente superior al 32% proyectado en investigaciones anteriores.

Según explican los científicos Stefan Rahmstorf y Levke Caesar del Potsdam Institute for Climate Impact Research en un paper pendiente de revisión, la tendencia al debilitamiento de la AMOC se refleja en la aparición de una "mancha fría" en el Atlántico Norte. Este enfriamiento anómalo, en una zona donde los modelos preveían un aumento de temperatura, se interpreta como una huella directa del debilitamiento de la circulación y aparece documentado tanto en estudios que reconstruyen el clima del pasado a partir de indicadores naturales (como sedimentos marinos y capas de hielo) como en los informes más recientes del IPCC.

Las causas principales, de acuerdo con lo señalado por Rahmstorf en un artículo publicado por Yale Environment 360, incluyen el aumento de agua dulce procedente del derretimiento de los hielos de Groenlandia y el Ártico. Este ingreso reduce la salinidad y la densidad del océano, dificulta el hundimiento de las aguas superficiales y ralentiza la circulación. Así se activa un bucle de retroalimentación: menos agua salina y densa se hunde, la corriente se debilita aún más y el sistema puede cruzar un umbral crítico que lo conduzca a un estado de actividad muy baja o incluso al colapso.

El debilitamiento o colapso de la AMOC tendría impactos regionales y globales de gran relevancia. Según los análisis de Copernicus, el programa de la Unión Europea de observación y monitorización de la Tierra, y del equipo de los investigadores Jon Rosser y Ruth Chapman en The London School of Economics, los modelos climáticos muestran que, si la AMOC reduce significativamente su flujo, el norte de Europa podría experimentar un enfriamiento de hasta 5°C en el Reino Unido y de entre 2 y 3°C en Europa occidental.

Al mismo tiempo, Estados Unidos afrontaría un aumento del nivel del mar en la costa este. Además, las lluvias disminuirían en Europa, afectando la agricultura y la disponibilidad de agua, mientras que el hemisferio sur podría registrar un incremento de las precipitaciones.

El colapso de la AMOC también alteraría los monzones africanos y asiáticos, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y la economía de regiones que dependen de estos regímenes de lluvias, según advierten expertos citados por MIT Climate. En cuanto al ciclo de carbono, el debilitamiento de la AMOC reduciría la capacidad de los océanos para absorber dióxido de carbono, lo que incrementaría el calentamiento global.

Un estudio publicado en Nature Communications Earth & Environment señala que el colapso de la AMOC podría aumentar la temperatura global en 0,2°C adicionales, provocar un enfriamiento de 7°C en el Ártico y un calentamiento de 6°C en la Antártida, además de liberar a la atmósfera una cantidad de dióxido de carbono que equivale a un aumento de entre 47 y 83 partes por millón (ppm) en la concentración global de este gas.

Esta unidad se utiliza para medir la proporción de dióxido de carbono en el aire: por ejemplo, una concentración de 400 ppm significa que en cada millón de moléculas de aire, 400 corresponden a dióxido de carbono. Según datos de la NOAA, el promedio global actual es de 431.12 ppm.

La magnitud del riesgo queda ilustrada por experiencias históricas: tal como recuerda Rahmstorf, hace 12.000 años un colapso de la AMOC provocó un enfriamiento abrupto de 10°C en Groenlandia y una reorganización climática global. Aunque el consenso científico de 2021 consideraba bajo el riesgo de un colapso abrupto antes de 2100, estimaciones recientes elevan la probabilidad. Rahmstorf, quien estudia la corriente hace 35 años, coincide con el estudio de Portmann y sostiene que existe una probabilidad del 50% de atravesar el punto de no retorno en las próximas décadas.

La comunidad científica coincide en que el principal factor detrás del debilitamiento de la AMOC es el calentamiento global provocado por emisiones humanas de gases de efecto invernadero, según el análisis de Rosser y Chapman. Cada fracción de grado adicional aumenta el riesgo de alcanzar un punto de inflexión irreversible. Las acciones destinadas a reducir las emisiones, como la transición hacia energías limpias y el cumplimiento de los acuerdos internacionales, resultan clave para mitigar el ritmo del cambio y disminuir la probabilidad de colapso.

El monitoreo constante y el desarrollo de modelos más precisos son imprescindibles para anticipar señales de alerta. Sin embargo, los instrumentos científicos que permiten medir directamente la fuerza de la AMOC llevan apenas veinte años, un lapso muy breve si se lo compara con los tiempos en que ocurren los cambios en las grandes corrientes oceánicas. Esta limitación hace que la incertidumbre persista, pero la evidencia acumulada apunta a la necesidad de actuar con rapidez y precaución.

Como advirtió Rahmstorf, "la probabilidad de un colapso ya no es baja; es más probable que ocurra que no ocurra". Las consecuencias, de materializarse, transformarían el clima mundial durante siglos.

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