1 de agosto de 2026
De Antón Chéjov al Chaco y Buenos Aires: así nació 'Siete estaciones para hablar de amor'
La autora de esta obra teatral cuenta aquí cómo encontró inspiración en su familia inmigrante para reinventar un clásico desde una mirada argentina
Mis obras comienzan con una escritura precisa. Me toma un buen tiempo crear y luego pulir cada material hasta decidir que está a punto para llevarlo a la escena. Siete estaciones para hablar de amor la escribí durante el 2020, ese año tan particular en el que estuvimos encerrados y el tiempo se ampliaba de formas inesperadas. Leyendo muchos de los cuentos de Antón Chéjov, llegué a "Del amor", una historia que se desarrolla a partir de una pregunta sin una respuesta clara: ¿Qué es el amor?, ¿Cómo elegimos de quién nos enamoramos?. Evidentemente esa pregunta me interpeló y decidí tomar ese cuento como punto de partida para mi nueva escritura.
Pero claro, sucedía en Rusia a finales del siglo XIX y aquello me resultaba atractivo, pero lejano. Me apareció entonces la imagen de una parte de mi familia. La de las raíces rusas, que se vino para Argentina escapando de los malos tratos de aquel imperio y se instaló en el campo, en el Chaco, buscando un pedazo de tierra que labrar. Para ellos, la lectura, el estudio y la música eran fundamentales. Labrar la tierra era la fuente para poder instalarse en la ciudad y asistir a la universidad. Así fueron llegando, de a uno los hermanos, a nuestra querida Buenos Aires. Eran los del campo, un poco salvajes y otro tanto refinados. Habían vivido entre caballos y vacas, pero estudiaban medicina y tocaban el violín. Esos relatos que tanto me habían contado me invadieron en imágenes y situaron la obra.
Así se instala Siete estaciones para hablar de amor en una Buenos Aires de 1920 que se está poblando con ilusión y promesa de una tierra próspera. En aquel tiempo en el que "el granero del mundo" invitaba a nuevos habitantes a instalarse y a hacer suya la patria. Un tiempo con ilusión y palabra de bonanza, pero también con decepciones por labores que no eran bien pagos, de condiciones indignas de trabajo, de cierta desigualdad que se iba haciendo notar entre patrones y empleados, entre obreros y dueños de la tierra.
En medio de la escritura, investigando acerca de esa época, busqué noticias en aquellos diarios. Resulta que muchas de esas noticias parecían escritas en la actualidad. El tiempo había avanzado cien años, pero algunos problemas sociales y económicos seguían siendo casi los mismos. En ese momento se alinearon los ingredientes y comencé a construir esta historia en el papel. El amor, la historia argentina y el contexto social como hilos conductores de este material.
Así apareció el espacio. Todo sucede en la terraza de una casona en Buenos Aires a inicios del siglo XX. El piso damero y una baranda que linda con parques arbolados y da a un precipicio. Allí van transcurriendo estas siete estaciones, entre las que se denota el paso del tiempo. Y en ese tiempo se va tejiendo la trama. Lo que comienza como una amistad, va mutando en amor. Los conflictos sociales que solo inquietan a uno, comienzan a inquietarlos a todos. Lo que parecía un juego, se les va escapando de las manos. Y quien parecía tener todo bajo control, se da cuenta que no puede controlar nada.
Siete estaciones para hablar de amor es una comedia melodramática. Se juega con nuestras raíces desde el relato, pero también desde las huellas culturales. La música recorre canciones populares, payadas y una zamba romántica y melancólica. El material busca teñir con su clima, con su alegría y con su tristeza. Tiene tres personajes interpretados por un elenco preciso: Carlos Belloso, Laura Nevole y Manuel Vignau, con quienes trabajamos para construir estas criaturas que tienen el desafío de jugar en el pasado para significar en el presente. Al jugarse hace más de cien años, el trabajo con la palabra es fundamental. La búsqueda no es reproducir aquello que sucedía, sino reinterpretarlo y crear una forma nueva. Del mismo modo decidimos encarar la escenografía y el vestuario. Es una inspiración, una evocación. Como cuando leemos e imaginamos a nuestro gusto.
La obra requiere de mucha precisión en los intérpretes. También de mucha osadía. La búsqueda desde el lenguaje y desde el juego para construir esta obra que es un cuento, una lucha de clases, una historia de amor.
*Siete estaciones para hablar de amor se presenta los lunes a las 20 en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636, CABA).