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11/01/2026

Un frac, un habano y el libreto de siempre: a 30 años de la muerte de Tato Bores, el humorista que explicó la Argentina mejor que nadie

Fuente: telam

Sus monólogos sobre el dólar, la inflación, la corrupción y la política nunca perdieron vigencia. Con una velocidad verbal, que explicó a qué se atribuía, Mauricio Borensztein dijo en broma lo que muchos no se animaban a decir en serio. Murió el 11 de enero de 1996, a los 70 años

>Sus monólogos no pierden vigencia. El dólar, la corrupción, la inflación, los políticos... Hace ya 30 años que Desde que era chiquitito que vengo escuchando que hay que sacrificarse en aras del futuro. El lema nacional siempre ha sido: ‘Jódanse hoy para disfrutar mañana’. Y uno pone el hombro, pero el futuro por definición se pianta y uno jamás lo puede alcanzar”, decía a fines de los ‘80. Para muchos, él fue el gran analista político y económico del país. Pero él prefería definirse, simplemente, como un “artista cómico”.

Su nombre real era Mauricio Borensztein. Había nacido el 27 de abril de 1927 en Buenos Aires y se crio en el seno de una familia judía de bajos recursos. Era muy inteligente, pero no le gustaba el estudio así que nunca terminó el colegio secundario. Decía que lo habían echado por “burro”, aunque la realidad es que había quedado libre por inasistencias. Y, como en aquellos tiempos el mandato indicaba que eran “los libros o el trabajo”, siendo un adolescente empezó a ganarse el mango como plomo (persona encargada de las tareas pesadas y de logística) en la orquesta de Luis Rolero y René Cóspito. El resto, fue obra del destino.

Fue el guionista de la emisora, Julio Porter, quien decidió rebautizarlo. Por aquellos años era normal que los artistas utilizaran pseudónimos. Máxime, cuando sus nombres no eran lo suficientemente pegadizos o fáciles de pronunciar. De manera que, desde entonces, pasó a ser Tato. Tato Bores. Así de simple, así de corto y así de impactante. Y comenzó a desarrollar una carrera en radio, cine, teatro y televisión, medio en el que se convirtió en una estrella en poco tiempo.

Para entonces, ya había empezado a demostrar su talento como monologuista desde 1956. Pero fue en 1957, cuando debutó con el ciclo Caras y morisquetas que contaba con libretos de Landrú, donde por primera vez se mostró con el clásico frac, la peluca despeinada y el habano, accesorios con los que el público lo sigue identificando hasta el día de hoy. Tato, siempre en domingo, Dígale sí a Tato, Déle crédito a Tato, Tato por ciento, Tato diet, Tato, que bien se tv...fueron algunos de los nombres que fue teniendo el programa a lo largo de los años. Se despidió en 1993, con Good Show, por Telefe. Y nunca se quedó sin tema de qué hablar.

Por el mismo motivo, una suerte de pánico escénico, Tato jamás improvisaba. Tenía la capacidad de memorizar cada una de las palabras y repetirlas, sin furcios, el día de la grabación. Pero para eso estudiaba toda la semana. Los textos le llegaban en moto a su casa los días lunes, en sobres con seis carillas y un total de 10.000 caracteres. Y los viernes, él estaba listo para decirlos frente a la cámara tal como habían sido escritos, sin una coma de menos ni una letra de más.

Él decía, con humor, lo que muchos no se animaban a decir en serio. Aseguraba que en el país había que estar siempre listo por si le tocaba un cargo, teniendo en cuenta los incesantes cambios de gobiernos y ministros. Por eso se vestía de gala. Y no tenía miedo, aunque en más de una oportunidad le tocó experimentar en carne propia lo que era la censura. “Por eso, mis queridos orejones del tarro, a seguir laburando, la neurona atenta, vermouth con papas fritas… y ¡Good Show!”, era el remate con el que cerraba su descarnada crítica.

Fuente: telam

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