Domingo 11 de Enero de 2026

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11/01/2026

Nueva longevidad: once reglas de oro para diseñar la vejez que querés vivir

Fuente: telam

¿Por qué planeamos una fiesta o un viaje pero no los próximos 40 años? Un manual para diseñar tu futuro hoy: desde entrenar para ser libre hasta achicar la casa para ganar independencia. Claves para blindar tu autonomía económica y construir una red que te proteja de la invisibilidad

>Hay un momento, alrededor de los veinte años, en el que tomamos una cantidad enorme de decisiones sobre cómo va a ser nuestra vida adulta. Dónde queremos vivir, de qué queremos trabajar, qué tenemos que estudiar, cómo imaginamos nuestra situación económica y cómo vamos a sostenerla. Con quién queremos compartir nuestros días, si vamos a tener hijos o no. Las respuestas pueden ir cambiando, podemos fracasar en los intentos, pero sabemos que la vida adulta se diseña. Son decisiones que se toman cuando todavía somos muy jóvenes y que, por décadas, marcarán casi todo nuestro recorrido.

Hoy nos dicen —y los datos lo confirman— que después de ese punto de llegada, se abren nuevos caminos. Vamos a vivir casi otra vida adulta completa: treinta, cuarenta años más. Una etapa entera que no estamos pensando, ni diseñando, ni preparando con la misma seriedad con la que pensamos la primera.

Estas no son respuestas cerradas ni fórmulas mágicas. Son algunas reglas de oro —once, porque los decálogos son parte del siglo XX— que no pretenden ser definitivas. Todo está en construcción, todo se sigue pensando, porque la nueva longevidad es un descubrimiento cotidiano. Pero de algún lado hay que empezar.

1. Elegí cómo querés vivir

Durante gran parte de la vida estuvimos disponibles para otros. Para el trabajo, la familia, los hijos, las urgencias ajenas. La empatía, la compasión, la generosidad y la gratitud pueden seguir siendo motores potentes, pero ya no al precio de desaparecer. Elegir cómo querés vivir esta etapa implica permitir que esos valores convivan con algo igual de importante: reconocerte como protagonista de tu propia historia, no solo como sostén de la de otros.

2. Cuidá tus amistades: la red te sostiene

Las amistades y los grupos no son un complemento emocional, son estructura. No hace falta la pareja ni la amiga o el amigo de toda la vida. Solo esa persona querida, ese conocido, esa vecina, que sostienen la conversación, el humor, la ayuda práctica, la mirada que nos devuelve quienes somos. En una vida larga, la red no es un lujo: es una forma de salud.

3. Diseñá una vida en comunidad

Diseñar una vida en comunidad no es resignar intimidad ni independencia. Es entender que el entorno también cuida. Vivir donde haya cruce humano, cercanía, posibilidad de encuentro. Una calle que se camina, un vecino que saluda, un espacio compartido, un barrio vivo. La comunidad no resuelve todos los problemas, pero amortigua los golpes y previene el aislamiento.

4. Tomá decisiones económicas a tiempo

Ordenar y planificar no es sinónimo de acumular ni de volverse experto en finanzas. Es asumir que el dinero también forma parte del proyecto de vida. Pensarlo a tiempo permite sostener la dignidad, evitar dependencias innecesarias y tomar decisiones con menos miedo. La autonomía económica no garantiza felicidad, pero la falta de ella suele traer angustia.

5. Entrená para moverte libre

Entrenar en esta etapa no tiene que ver con el aspecto. Tiene que ver con la libertad cotidiana: poder levantarse sin ayuda, caminar sin miedo, cargar bolsas, viajar, bailar, sostener la propia vida sin depender de otros. El cuerpo no está para agradar, está para acompañar.

6. Hacete cargo de tu bienestar

Hacerse cargo del bienestar no es un lujo ni una moda. Es entender que vivir más años exige otra relación con el tiempo, el descanso y el cuidado cotidiano. Dormir bien, alimentarse mejor, bailar, caminar. Reírnos. Reconciliarnos con la lentitud. Ya no hay urgencias, hay momentos que merecen ser disfrutados.

7. Tomá decisiones sobre tu cuidado

Organizar el cuidado es pensar con lucidez. Es asumir que cuidar y ser cuidado forma parte de la vida, y que decidir a tiempo preserva la dignidad propia y alivia a quienes nos quieren. El cuidado pensado no quita libertad; al contrario, la protege.

8. Alivianá el equipaje

Alivianar no es deshacerse del pasado, es ordenarlo. Elegir qué vale la pena conservar y qué puede circular o terminar. Soltar no empobrece la vida: la vuelve más liviana. Y la liviandad, en la vejez, es una forma concreta de bienestar.

9. Sostené la curiosidad

Cuando la curiosidad se apaga, la vida se vuelve repetición. Los días empiezan a parecerse demasiado entre sí y el futuro se achica. En cambio, cuando se sostiene la curiosidad, aparece algo profundamente vital: el deseo de seguir estando en el mundo.

10. Poné la salud mental en el centro

La vida larga trae pérdidas, cambios, duelos visibles e invisibles. Personas que ya no están, roles que se terminan, cuerpos que responden distinto. Cuidar la salud mental no es dramatizar ni victimizarse: es reconocer que la cabeza también envejece, se cansa, se sobrecarga. Y que atenderla es una forma concreta de seguir viviendo mejor.

11. Elegí cómo querés morir

Durante años tomamos decisiones importantes por otros y para otros. ¿Por qué dejar esta en manos ajenas, que deberán tomarlas a las apuradas, en contextos de miedo y dolor? Pensar el cierre con tiempo es una forma de soberanía: permite que el final no borre todo lo anterior y que la despedida no sea un desorden emocional para quienes quedan.

Solo te queda disfrutar lo que viene.

Fuente: telam

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