26/01/2026
“A los pibes les recomiendo que estudien”: las enseñanzas de “el Gordo Valor”, su vida en pareja y el proyecto de filmar su biopic
Fuente: telam
A los 71 años, el líder de la mítica “Superbanda” pasa sus días en una quinta de Pilar junto a Nancy Colazo, su segunda mujer y quien la acompaña hace cuatro décadas. Sus códigos como delincuente, la interna con “la Garza” Sosa en la fuga de la cárcel de Devoto y su historia de amor
>El hombre que ahora camina tranquilo por el parque de una quinta de Villa Rosa en Pilar y posa para la foto frente a un viejo arado, en los años 80 y 90 era más que temido cuando estaba al frente de la llamada “Superbanda”. Este grupo de ladrones asaltó 23 bancos y 18 camiones blindados. Además, tuvo a maltraer a la Policía Bonaerense. “Me querían bajar a toda costa, pero no pudieron”, se jacta Su amor por “El Gordo” le costó a Nancy “visitar” varios calabozos. En 1987, estuvo presa tres meses en la cárcel de Ezeiza bajo la carátula de “tenencia de armas de guerra”, cuando allanaron la casa que compartía con Luis. Luego fueron sobreseídos porque se comprobó que el procedimiento policial estaba “mal hecho”. En 1990, la mujer permaneció casi dos días detenida, cuando ambos pasaron por Gualeguaychú.
Y en 1992, Nancy regresó a la prisión de Ezeiza por quince días. Siempre “caía” para presionar las confesiones de su marido. Y Colazo aporta: “Recuerdo que un juez de apellido Rodríguez me secuestró hasta una lamparita de mi casa”.
Valor cuenta que recorrió más de treinta penales entre los que se encuentran algunos emblemáticos como los de Caseros, Sierra Chica, Olmos, La Plata, Florencio Varela, Melchor Romero, Campana, Junín, Urdampilleta y Devoto. De esta última cárcel, el hombre se escapó disfrazado de médico. “Yo venía de montones de motines y huelgas, se me acercaba el juicio oral y era consciente de que me la iban a dar por la cabeza con una condena fuerte. Estaba obligado a fugarme o fugarme, no me quedaba otra. Sabía que querían vengarse por cuestiones políticas, por mi pasado como montonero. Es que desde mis 19 años que empecé a robar, militaba en la JP Montoneros. Antes andaba en partidos de izquierda. Así, permanecí un año, clandestino y tuve llegada a casi todos los de arriba: Firmenich, Vaca Narvaja, Perdía, Galimberti, Dardo Cabo, Dante Gullo. Afanaba coches para sobrevivir, para comer, porque me buscaban más por temas políticos que por ladrón. Y la orden que tenían era bajarme por montonero. Robaba para poder morfar. Es cierto que me habían invitado a fugarme. La fuga fue brava. Tomamos el hospital. Algunos nos pusimos guardapolvo de médico y otro el uniforme penitenciario. Subimos y nos descolgamos con sábanas desde el séptimo piso. Salté una pared de casi ocho metros esquivando algunos tiros y otros me dieron. Ya en la calle alguno que otro se rajó primero y otros quedamos en banda, pero esa es otra cuestión. A mí era al que más buscaron, pero yo a las horas ya estaba en Córdoba, Villa María, en Carlos Paz, saltaba de un lugar a otro. Hasta que volví a caer”.



