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27/01/2026

La leche de almendras bajo la lupa de la ciencia: el impacto ambiental y el dato poco conocido sobre las abejas

Fuente: telam

Distintas investigaciones analizaron el consumo de recursos y los efectos ecológicos asociados a la bebida vegetal. El caso de California, que concentra el 80% de la producción mundial

>La En ese sentido, distintos estudios científicos abordaron cómo el cultivo de Entre los aspectos analizados por por la ciencia, dos se destacan sobre el resto. En primer lugar, el enorme consumo de agua para el crecimiento de los cultivos.

Ante la consulta de Infobae, Agustín Sáez, investigador en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCo), señaló que no existen estudios concluyentes sobre el impacto en la biodiversidad debido al traslado masivo de abejas para la polinización del almendro.

El uso de agua emerge como uno de los principales desafíos ambientales de la leche de almendras.

Un artículo divulgado en“Es evidente a partir de la síntesis, que la leche animal tiene una huella hídrica comparativamente pequeña. Por otro lado, la leche vegetal necesita abundante agua, particularmente la leche de almendras; esto probablemente se deba al cultivo de almendras”, afirman los autores.

La variabilidad geográfica es significativa: los condados del norte de California presentan una huella mayor que los del sur debido a menores rendimientos por hectárea, mientras que en el Valle Central, donde se concentra la producción, la disponibilidad de agua subterránea resulta clave.

El 10 de septiembre de 2025, la Universidad de California, la Junta de Almendras de California y el Departamento de Agricultura y Recursos Naturales formalizaron una alianza estratégica mediante la firma de un memorando de entendimiento en el campus de UC Merced.

El acuerdo tiene como objetivo transformar la producción de almendras en los próximos cinco años, con énfasis en la automatización, la sostenibilidad y el desarrollo de nuevas variedades, aspectos considerados clave para el futuro del sector.

Desde 2018, el sector se planteó disminuir otro 20% para 2025, recurriendo a tecnologías como medidores de humedad y sistemas de riego programados. Para 2022, los datos oficiales muestran que los agricultores ya habían alcanzado el 75% de esa meta y actualmente más del 80% de las plantaciones utilizan microrriego, un porcentaje superior al promedio estatal.

El acuerdo contempla la creación de parcelas de demostración en la Granja Inteligente Experimental de UC Merced, donde se evaluarán prácticas avanzadas de automatización de riego, agricultura regenerativa y el desarrollo de nuevas variedades y portainjertos de almendras. Sebastián Saa, director asociado de investigación agrícola de la Junta, remarcó que el fin es acelerar la adopción de prácticas sustentables, optimizar la gestión del agua y el suelo y fortalecer estrategias de adaptación climática.

La Junta de Almendras señala que el enfoque en la eficiencia hídrica no es reciente. Desde la década de 1980, la introducción del microrriego permitió aplicar el agua directamente en las raíces, lo que optimizó el uso del recurso y aumentó la productividad.

En cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero, la leche de almendras muestra un desempeño más favorable que la leche de origen animal, aunque supera a otras alternativas vegetales en huella de carbono.

El uso de tierra para el cultivo de almendras resulta menor en comparación con los sistemas lácteos, aunque el consumo de agua es mucho más elevado que en otras bebidas vegetales.

La polinización realizada por estos insectos incide en la cantidad y calidad de frutas y hortalizas, entre ellas el café, la sandía, la uva, las naranjas, las almendras y las cerezas.

Tras finalizar la floración, la mayoría de los apicultores retorna con sus colonias a las Grandes Llanuras del Norte, lo que facilita la recuperación de las abejas y la producción de miel.

Esta migración anual, impulsada por el atractivo económico de las tarifas de polinización (que superan los 200 dólares por colonia) convierte la floración de los almendros en “el mayor evento de polinización del mundo”, en palabras de las autoras, y en la principal fuente de ingresos para los apicultores comerciales de Estados Unidos.

Recordó que, en 2007, en Estados Unidos se registró el llamado “colapso de colonias” de abejas, un fenómeno atribuido al estrés provocado por el transporte de larga distancia y, en algunos casos, también al estrés hídrico.

Sáez, investigador en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCo), trabajó durante varios años en California, donde realizó ensayos sobre polinización en almendros, especialmente con nuevas variedades promocionadas como independientes de polinizadores. “Sin abejas había producción y bastante alta, pero si además se utilizaban polinizadores subía un 20% la producción. En términos productivos, es muchísimo”, señaló. Sáez y Aizen son coautores de un estudio publicado en Tener más polinizadores podría ser beneficioso para las especies silvestres de plantas de la zona, ya que podrían beneficiarse de que de repente haya un incremento de polinizadores, en este caso de la abeja de la miel”, señaló a Infobae. Sin embargo, aclaró que, hasta el momento, la evidencia disponible no muestra efectos negativos concluyentes sobre la biodiversidad en general.

“El cultivo de almendro produce mucha cantidad de néctar y de polen de alta calidad nutricional para las abejas. Entonces, una vez que las colonias llegaron, generalmente se desarrollan, o sea, crecen durante el proceso de floración”, describió.

“Así como el cultivo ofrece recursos nutricionales buenos y de calidad para la abeja, también el ambiente en el que están muchas veces no es tan amigable porque existe la posibilidad de que el productor aplique algún tipo de agroquímico en el cultivo que puede tener efectos nocivos sobre la abeja”, detalló.

Sobre la reducción de la dependencia de polinizadores en el almendro, Sáez recuerda: “El almendro en sus comienzos era totalmente dependiente de polinizadores”. Esto cambió con el desarrollo de variedades autocompatibles: “Lo que se hizo con los años, a través del mejoramiento genético y cruzamientos, fue lograr variedades que son autocompatibles. Entonces, los productores ya no necesitaban poner distintas variedades para que se cruce el polen, sino que con una misma variedad ya se podía producir la semilla”.

Y anticipa: “Seguramente en los próximos años vamos a ver que las nuevas variedades que salen no solo son autocompatibles como las que ya vienen saliendo en los últimos años, sino que cada vez los niveles de autopolinización son más altos y obviamente el objetivo sería lograr variedades donde si tenés o no polinizadores el cultivo va a producir lo mismo”.

Desde otra perspectiva, algunos especialistas consideran que el crecimiento de la producción de almendras en California impulsó la creación del mercado de servicios de polinización más grande del mundo, conocido como el “Super Bowl de la Apicultura”, según precisaron Brittney Goodrich y Allison Altschuler, autoras del informe citado de la Universidad de Illinois.

A pesar de la magnitud del sistema, la mortalidad de abejas durante la polinización de almendros es elevada, consecuencia de la exposición a pesticidas, enfermedades y el estrés que genera el transporte.

Nate Donley, del Centro para la Diversidad Biológica, lo compara con “enviar a las abejas a la guerra”, ya que muchas no logran regresar, mientras que Patrick Pynes, apicultor y profesor de estudios ambientales, sostiene que las abejas están en declive debido a una relación cada vez más destructiva con la producción agrícola, según declaraciones recogidas por The Guardian.

Traveset señala que factores como el cambio en el uso del suelo, la fragmentación de hábitats, la reducción de la diversidad de recursos, el aumento de pesticidas, la presencia de especies invasoras y el cambio climático disminuyen tanto la cantidad como la variedad de polinizadores, agravando la situación.

En diálogo con Infobae, la ingeniera ambiental Julieta Vallejo precisó: “Para evaluar el equilibrio entre los beneficios de consumir productos de origen vegetal, como la leche de almendras, y sus impactos ambientales asociados, es fundamental partir de un análisis de ciclo de vida (ACV). Este enfoque permite comprender en qué punto se encuentra la industria en términos de huella hídrica, huella de carbono y efectos sobre los ecosistemas, e identificar los eslabones de la cadena donde existen mayores oportunidades de mejora”.

Y añadió: “La sostenibilidad no depende únicamente del tipo de producto, sino del modo en que se produce, dónde se produce y a qué escala. Por ello, el desarrollo de análisis de ciclo de vida cada vez más detallados y comparables, junto con una mayor transparencia por parte de las industrias, resulta clave para que los consumidores puedan tomar decisiones informadas y conscientes al momento de elegir estos productos”.

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Fuente: telam

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