El verdadero alcance de la catástrofe no se percibió hasta horas después. Nadie podÃa llamar, enviar mensajes ni realizar operaciones bancarias. La vida cotidiana y la economÃa de Tonga se paralizaron por completo. Las transferencias internacionales —que representan el 44% del PIB— se detuvieron y los cajeros automáticos quedaron inutilizables.
En palabras de un residente de Vava‘u: “Durante una semana, no supe qué habÃa pasado con mi familia en Tongatapu. Solo pude asumir que estaban bien.†Otros confesaron: “Pensamos que Tongatapu habÃa sido arrasada. No habÃa forma de saberloâ€. El paÃs, en pleno siglo XXI, se vio arrojado repentinamente a una época previa incluso a la llegada del telégrafo.La suspensión de internet mostró un aspecto oculto de la era digital: la dependencia absoluta de estos frágiles cables submarinos. “Hay que recalcar que la seguridad de estos cables es una cuestión de seguridad nacional y de vida o muerteâ€, señaló la investigación.
En el centro de operaciones de Tonga Cable Limited, el director ejecutivo Semisi Panuve y su equipo pronto detectaron el corte, gracias a las alarmas del sistema de monitoreo. Usaron un antiguo teléfono satelital para contactar a SubCom, el consorcio encargado del mantenimiento de cables en el PacÃfico Sur. “Tuvimos que buscar si todavÃa funcionaba, no lo usábamos desde 2019â€, explicó el CEO con ironÃa.En las islas externas, como Vava‘u, la situación era aún más dramática. Solo un navegante extranjero, Roy Neymen, con un dispositivo Garmin en su yate, pudo enviar mensajes por satélite para tranquilizar a familias y autoridades. En dos semanas, transmitió mil seiscientos mensajes desde un café convertido en improvisado centro de comunicaciones. Sin embargo, el grueso de la población seguÃa incomunicado, sin acceso a fondos ni información básica.
Ante la emergencia, se organizaron vuelos diarios para transportar, en pendrives, hojas de cálculo con saldos bancarios desde Tongatapu hasta Vava‘u, permitiendo operaciones financieras manuales. Una solución digna de otro siglo.La conectividad plena no se restauró hasta cinco semanas después, cuando el buque Reliance de SubCom logró reparar el cable internacional tras una operación compleja y riesgosa. No fue hasta agosto de 2023, más de dieciocho meses tras el desastre, que Vava‘u recuperó su banda ancha de forma estable. “Una mujer me dijo que debÃa completar su curso universitario sentada en su coche a las afueras de un restaurante para acceder al wifiâ€, relató una diplomática extranjera.La catástrofe marcó un antes y un después. El gobierno priorizó en su plan de infraestructuras la construcción de un nuevo cable doméstico, tasado en USD 16,5 millones. “La única forma de evitar que una rotura de cable paralice el paÃs serÃa tener una segunda conexión, trazada por una ruta diferenteâ€, sentenció Sam Vea.