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27 de enero de 2026

El pueblo que es un paraíso escondido de la Patagonia y pelea para no quedar enterrado por la arena de un inmenso médano

Desde el año pasado, los vecinos buscan estrategias para frenar el avance. “No tenemos ninguna ayuda estatal”, asegura Raúl Torno, operador turístico del lugar

>La silueta de las casas más alejadas del mar apenas sobresale entre la arena. Detrás, un médano gigante se extiende sobre lo que alguna vez fue la frontera del pueblo. En el corazón de este escenario, Raúl Torno observa desde la ventana de su chalet cada vez que sopla el viento. El médano avanza, empujado por ráfagas de setenta kilómetros por hora, y el futuro del pueblo parece pender de ese capricho.

Hace seis años, Raúl llegó a Bahía Creek buscando otra vida. Administra casas y habitaciones para alquilar en verano. “Muchas de las casas tapadas quedaron con todos los muebles y objetos dentro”, suelta Raúl por teléfono. “Dejaron hasta las sábanas porque les daba mucha impotencia lo que estaba pasando.” La imagen es brutal: viviendas enteras, devoradas por la arena, con la vida cotidiana adentro, congelada. Dentro habrán quedado los juegos de playa de algún nene, una sombrilla o las paletas para los desafíos de enero.

En el límite del pueblo, las ruinas hablan por sí mismas. Aún se distinguen restos de chapas, alguna teja solitaria resistiendo el avance del médano. Lo que fue un hogar ahora es apenas una sombra bajo la arena.

La primavera de 2025 marcó un punto de inflexión. Los vecinos decidieron no esperar más. “El Estado nunca hizo nada para ayudarnos. No recibimos ni siquiera asesoramiento para ver cómo se puede detener el avance del médano sobre las casas”, acusa Torno. “Nos pusimos en campaña los propios vecinos para que no se pierdan más viviendas.”

Las primeras reuniones giraron en torno a una idea simple: mojar la arena para que el viento no la arrastrara hacia el pueblo. En la práctica, la solución requería ingeniería casera. “Instalamos un sistema de riego con aspersores y bomba solar que se activa de forma automática al amanecer. El objetivo era humedecer la arena en la cima del médano para evitar que vuele con el viento”, describe Raúl.

Pero la obstinación encontró su cauce. Lo que no sirvió para frenar la arena, sirvió para otra cosa. Tomaron el sistema de riego y lo usaron para plantar especies nativas sobre el médano. Empezaron a crecer olivillos, tamariscos y siempreverdes en las laderas, una defensa viva.

Nada de esto sería posible sin el empuje colectivo. “Decidimos arrancar con esto, empezamos a pedir presupuestos, consultamos a algunos vecinos más que siempre colaboran, y llegamos a un número. Compramos la bomba y, con la ayuda de una empresa de Viedma que nos dio una mano para instalarla sin costo, quedó armado”, cuenta Raúl.

Sin embargo, cada atardecer con viento norte u oeste, la amenaza se renueva. Raúl vuelve a mirar por la ventana, evaluando si los sistemas consiguen frenar el avance. “Con estos proyectos, la idea es ver si se frena en varios meses el avance de la arena”, dice, aferrado a la esperanza.

Las iniciativas vecinales no son nuevas en esta joya turística patagónica. “Instalamos un depósito de basura, arreglamos la plaza e instalamos cámara de seguridad en las calles para evitar los robos en las casas que antes eran muy frecuentes”, enumera Torno. La autogestión es ley.

Mientras tanto, los vecinos piensan en el día a día. “Hoy todo hay que ir a hacerlo a Viedma. Por eso nuestra idea es generar un espacio en Bahía Creek para las emergencias básicas”, cuenta Raúl. Juntar dinero para abrir una salita de primeros auxilios es el próximo objetivo. La distancia es una amenaza silenciosa: ante cualquier urgencia, el mar y la arena quedan lejos de la ayuda.

En la frontera, bajo el sol y el viento, las cañas recién plantadas marcan la línea de resistencia. Se ve la arena acumulada que intenta doblegar el muro vegetal. Las huellas de las camionetas aún se ven en la arena. Cada metro ganado es una victoria frágil.

No hay certezas en Bahía Creek. Solo la arena, el viento y el esfuerzo de quienes se niegan a desaparecer bajo el inmenso médano que los acecha cada día.



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