3 de marzo de 2026
Las nuevas vidas que Gordo, Florencia y Flora iniciaron en santuarios europeos tras el rescate del ex zoológico de Luján

Los osos pardos llegaron a Bulgaria y la tigresa a los Países Bajos tras años de encierro y abandono. El operativo fue liderado por la ONG Four Paws, que continúa trabajando para rescatar a los animales que quedan en el predio bonaerense
Pensando en sus necesidades individuales, el equipo del santuario preparó un plan para cada oso, adaptado a su historia y condición específica, con el objetivo de ofrecerles la mejor oportunidad de sanar y recobrar hábitos desconocidos o perdidos durante los casi 18 años de encierro y soledad, porque no compartieron espacio. Cada uno vivió en una celda pequeña.
Ambos fueron recibidos con gran expectativa por el personal del lugar, acostumbrado a trabajar con animales que necesitan una adaptación progresiva. Desde el primer día, los expertos observaron signos de curiosidad y exploración en ellos. “Ahora, Gordo y Florencia pueden instalarse en sus nuevos hogares y comenzar a redescubrir los comportamientos naturales que antes les fueron negados”, señaló D’Abramo.
Mientras los osos comenzaban a explorar su nuevo hogar en Bulgaria, la tigresa Flora emprendía el último tramo de un viaje que transformaría su destino. Su llegada al Felida Big Cat Sanctuary, en los Países Bajos, puso fin a años de encierro y abrió la puerta a una vida que hasta entonces parecía imposible. Gestionado por la organización internacional Four Paws, el santuario está especializado en rescatar y rehabilitar grandes felinos de contextos traumáticos, ofreciendo un entorno seguro, amplio y diseñado para su bienestar.
El traslado —el primero de un felino desde el cuestionado zoo de Luján— respondió a esa urgencia. En Felida la esperaba un plan de rehabilitación individualizado, con cuidados intensivos, seguimiento clínico constante y espacios amplios donde pudiera recuperar fuerza, confianza y comportamientos propios de su especie, lejos del contacto humano forzado que marcó su pasado.
Hoy, Flora explora recintos enriquecidos, comenzó a posarse en plataformas elevadas, a disfrutar de zonas de sombra y recibe una alimentación adaptada a sus necesidades. Cada avance es cuidadosamente observado por el equipo veterinario, consciente de que la adaptación será gradual tras años de privaciones.Su llegada fue recibida con emoción por el personal del santuario, que celebró cada movimiento de la tigresa en un espacio libre de rejas y estímulos estresantes. “Nuestros expertos dedicados en ambos santuarios ahora brindarán a cada animal el cuidado que necesita”, destacó D’Abramo, subrayando la importancia de planes personalizados que tengan en cuenta la historia y las heridas de cada individuo.El operativo de traslado comenzó a gestarse luego de la evaluación veterinaria que tuvo lugar en El viaje fue largo y exigió estrictos protocolos de bienestar animal. El personal de la ONG a cargo de los traslados supervisó cada etapa, desde la preparación de las cajas de transporte hasta el control de la temperatura, la hidratación y la alimentación durante el trayecto. El objetivo principal fue minimizar el estrés y asegurar que los animales llegaran en condiciones óptimas.
Una vez arribados a sus destinos, los equipos de los santuarios activaron rutinas de estabilización, con chequeos sanitarios y observación constante. “Todos llegaron sanos y salvos a sus destinos tras un largo viaje”, le informó la organización internacional a Infobae.El traslado de los primeros animales marcó un hito y abrió la puerta a nuevas etapas en el proceso de rescate. “Esta reubicación es más que una intervención puntual para tres animales: marca el inicio de un cambio estructural en la manera en que se protegen los grandes felinos y otros animales silvestres en Argentina”, afirmó Josef Pfabigan, presidente y CEO de Four Paws.
Estos tres traslados representan solo el primer paso de una estrategia más amplia impulsada por la ONG, que llegó a un acuerdo con el Gobierno argentino. El Memorando de Entendimiento firmado entre ambas partes busca poner fin a la tenencia privada y al comercio de grandes felinos en el país.La prioridad es mantener los vínculos formados en cautiverio y evitar separaciones traumáticas. “Tenemos grupos muy grandes de cuatro, cinco, seis o siete animales, y eso se vuelve más difícil, pero no es imposible. Hay que mantener esas composiciones y ver cuáles están en mejores condiciones para el traslado”, explicó. Además, la ONG acompaña procesos para otros animales que no están bajo su tutela directa, como guacamayos, cebras, camellos y el chimpancé Johnny, buscando soluciones junto a distintas organizaciones y autoridades. Todos los animales trasladados son castrados antes de salir, lo que garantiza que esta sea la última generación nacida en cautiverio.
La experiencia de Gordo, Florencia y Flora es el primer paso concreto de un desafío mayor: “Estos primeros traslados son un golpe de esperanza, no solo para nuestro equipo, sino para quienes acompañan esta causa desde hace años. Saber que estos animales estrella están en camino a un futuro mejor, real y tangible, es increíble”, resumió D’Abramo.
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