14 de mayo de 2026
Banquete en Beijing: Donald Trump invitó a Xi Jinping a visitar Estados Unidos el próximo 24 de septiembre
El presidente norteamericano definió a su anfitrión como un "amigo", mientras que éste dijo que el sueño del "gran rejuvenecimiento" de China debe ir de la mano con el espíritu del movimiento "Make America Great Again"
Donald Trump invitó formalmente a Xi Jinping y a su esposa Peng Liyuan a realizar una visita de Estado a la Casa Blanca el 24 de septiembre, durante el banquete oficial celebrado en Beijing. El presidente estadounidense calificó el encuentro como un momento "extraordinario" y expresó su aprecio por la hospitalidad china.
Durante la apertura del banquete, Xi Jinping anunció que el sueño de "gran rejuvenecimiento" de China resulta compatible con el espíritu del movimiento "Make America Great Again". El líder chino aludió así a la narrativa nacionalista estadounidense impulsada por Trump y planteó que ambas potencias pueden confluir en sus proyectos históricos. Xi definió la visita como "histórica" y señaló que ambos mandatarios compartieron un intercambio "profundo" de opiniones sobre el rumbo de sus países.
Trump calificó la relación entre Estados Unidos y China como "una de las más trascendentes en la historia mundial". En su discurso, el presidente estadounidense enfatizó el carácter positivo y constructivo del diálogo con Xi y describió al mandatario chino como "amigo". El tono reservado y altamente guionado de Trump en este banquete sorprendió a los observadores, quienes advirtieron la ausencia de las improvisaciones y cambios de dirección habituales en sus intervenciones.
Xi Jinping subrayó ante los presentes que tanto él como Trump coincidieron en que la relación entre China y Estados Unidos representa los lazos bilaterales "más importantes" del planeta y advirtió: "Debemos hacer que funcione y nunca estropearla". El presidente chino apuntó que ambas naciones deberían actuar como "socios y no rivales", en referencia directa al clima internacional de competencia y recelo estratégico.
Durante el banquete de honor en Beijing, Donald Trump invitó a Xi Jinping a visitar la Casa Blanca el 24 de septiembre. El presidente estadounidense se refirió al líder chino como su amigo y sostuvo que el vínculo bilateral es uno de los más trascendentales en la historia mundial. El mandatario chino afirmó que la cooperación entre ambas potencias puede avanzar y que ambos gobiernos comparten la convicción de evitar una confrontación.
El contenido y la forma del discurso pronunciado por Trump en el banquete resultaron inusuales respecto a sus costumbres, ya que el presidente optó por un estilo sobrio y se apegó estrictamente al guion, en contraposición a la improvisación característica de ocasiones anteriores, según describió The New York Times. Tras las intervenciones, Trump agradeció públicamente a Xi la hospitalidad recibida y destacó el ambiente positivo de las conversaciones mantenidas entre ambos mandatarios.
La apertura formal del banquete por parte de Xi incluyó la declaración explícita de que el desarrollo estadounidense y el rejuvenecimiento chino "pueden avanzar de la mano". El presidente chino enfatizó la necesidad de consolidar las relaciones en calidad de socios para proteger los intereses globales compartidos.
La velada comenzó sin emisión televisiva en directo, según reveló The New York Times, lo que acentuó el carácter reservado de una cita que, según palabras de Trump, representó "un período asombroso".
Trump, y el mandatario chino, Xi Jinping, coincidieron en que Irán no debe poseer armas nucleares y en la importancia de reabrir el estrecho de Ormuz al tráfico de hidrocarburos sin que se impongan derechos de paso, según un comunicado difundido por laCasa Blanca tras la primera reunión de la cumbre bilateral en Beijing. Este documento, a diferencia de los reportes chinos, no mencionó que se haya abordado el tema de Taiwán durante el encuentro.
Ambas partes acordaron que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto para garantizar el libre flujo de energía. El comunicado señala que Xi manifestó la oposición de China a la militarización del estrecho y a cualquier intento de cobrar un peaje por su utilización. Además, el líder chino expresó su interés en adquirir más crudo estadounidense para reducir la dependencia de su país respecto al petróleo proveniente del Golfo Pérsico.